Islas Galápagos, un viaje en tiempo y espacio.

August 22, 2016

 

 

 

 

Como deja ver el título de mi ensayo, voy a explicarle por qué, para mí, viajar a las Islas Galápagos no sólo requiere de un desplazamiento en el espacio, si no que también significa coquetear con el eje temporal.

 

Empezaré dándole una breve referencia de este archipiélago que aún sigue con vida, puesto que en algunas zonas continúa la actividad volcánica. En total, nos encontraremos más de doscientos cuerpos emergidos. Este conjunto de islas, islotes y rocas, la mayoría inhabitadas por su hostilidad climática, se encuentran ubicadas en el Océano Pacífico a novecientos setenta y dos kilómetros de la costa continental del Ecuador. Aquí encontraremos una de las zonas volcánicas más activas del mundo, principalmente en las islas Fernandina e Isabela.

 

Dicho esto, si entendemos la vida como un relato continuo donde el narrador es el propio protagonista de aquella sucesión de hechos, le propongo un viaje analéptico hacia el archipiélago occidental de Ecuador. Como usted ya sabrá, analepsis es una técnica de narración que altera la secuencia cronológica de la historia, conectando momentos distintos y trasladando la acción al pasado. En este sentido, el viaje que le propongo no hará más que trasladarnos a un recuerdo vivo de un pasado que ya existió en otros tiempos y que, ahora, únicamente en un determinado lugar, se sucede en el presente.

 

Volviendo a mi teoría temporal, si se me permite el juego de palabras, pongamos en claro algunos aspectos básicos que plantea la filosofía del espacio y el tiempo -o, como suele llamársela, cosmología filosófica-. Uno de ellos es la posibilidad de que espacio y tiempo existan independientemente uno del otro. Y el otro, que sí, que existen otros tiempos aparte del momento actual.

 

Entonces, basados en estos conceptos, entenderemos que, al viajar a las Islas Galápagos, experimentaremos el modelo espacio-tiempo como la combinación matemática de "espacio", por un lado, y "tiempo", por el otro, pero en un único continuo. Es decir, según la teoría de la relatividad de Einstein, el tiempo no puede estar separado de las tres dimensiones espaciales, sino que al igual que ellas, éste depende del estado de movimiento del observador.

En esencia, ¨es imposible viajar en el tiempo¨, dirán los más pragmáticos, ¨aún no se ha inventado la máquina¨, agregarán quienes leyeron, alguna vez, a Julio Verne. Bueno, puede que tengan razón. Siempre y cuando se trate del mundo convencional. Porque exceptuaremos de este, claro está, a las islas ecuatorianas.

 

Cuando uno llega a Santa Cruz, por poner alguna de las islas como ejemplo, siente, realmente, que ha retrocedido millones de años. Atención, entiéndase el concepto de ¨retrocedido¨ sólo bajo el paradigma de tiempo como aspecto lineal. En mi particular opinión este ¨retroceso¨ virtual/ mágico/ o como quiera usted llamarlo, no hace más que empujar al hombre hacia el progreso, una nueva evolución. Sí, justamente, en el mismo lugar donde Charles Darwin sustentó su teoría de las especies.

 

A ver, hablando un poco en fácil, lo primero que nota quien arriba a Galápagos es la amigabilidad con la que se acercan los animales. Llámese aves (pinzones, cucuves, piqueros, etc.), iguanas marinas y terrestres, tortugas gigantes, cormoranes, pelícanos, pingüinos, albatros, lagartos de lava, entre otros. Luego, a uno le explican que la ausencia de depredadores naturales provocó que estas especies hayan podido evolucionar tranquilamente, viviendo sin miedo y, por tanto, mostrándose mucho más amistosas y confiadas que las que habitan el continente, y empieza a comprender un poco más de qué se trata este paraíso atemporal.

 

Si usted en este momento está empezando a desconfiar de mi poder de análisis y cree que esto del salto en el tiempo es todo un disparate, pregúntese –y respóndame-, entonces, por qué con unos cinco millones de años de edad en promedio, las Galápagos cuentan con especies endémicas originadas muchos años antes.

 

En mi experiencia personal, por primera vez en mi vida, debí disputar la mitad de mi sándwich con un ave más pequeña que la palma de mi mano. Sinceramente no recuerdo cuál exactamente, pues existen trece especies de pinzones. Pero en líneas generales, puedo decirle que miden de unos diez a veinte centímetros y la principal diferencia entre las especies están en sus picos. La mayoría son de color café obscuro o negro. Lo cierto es que, mientras comía el sándwich, una bandada de pinzones se arrimó hacia mí, a una distancia extremadamente corta. Esos diminutos pajaritos revoloteaban mi intimidad, se subían a mi mochila y hasta uno de ellos se atrevió a intentar arrebatarme el emparedado. Sí, pico (piquito) contra mano y fuerza humana. Nada le importó. Claramente no consideró mi presencia como un peligro. Eso me hizo notar la inocencia de esos pajaritos que, en mi ciudad, durarían no más de tres minutos en libertad.

 

Más tarde aprendería que estos pajaritos representan todo un símbolo de la evolución de las especies y el ejemplo fetiche de Charles Darwin en sus teorías biológicas.

 

Aquí es donde va mi teoría de regresión en el tiempo. En el Génesis bíblico de los cristianos y judíos, cuando Dios creó a Adán lo hizo dueño de los campos verdes y las especies. No existía la maldad en la tierra y los animales convivían en plena armonía. La paz dominaba los días y el hombre cumplía con su misión, al cuidado de la naturaleza.

 

Visitar Galápagos es, creo yo, la experiencia más parecida a esa sensación finita y exclusiva a la que accedieron los dos primeros seres humanos de la tierra.

Galápagos no es sólo un destino turístico, es un pasado suspendido en el tiempo intentando cambiar nuestro destino. Quienes tuvimos la suerte de llegar hasta aquí, cargamos ahora con la misión de mantener este paraíso y diseminar su mensaje a lo largo del mundo. Empezando por nuestros hogares, claro está, e instando a quienes nos escuchen a comprobarlo por ellos mismos. Puede sonar onírico y hasta incluso con una especie de misticismo romántico, pero me agrada verlo como una suerte de epifanía. Cuando Mahoma escribió el Corán, explicó que el origen de sus escrituras tuvo lugar en una cueva donde le fue revelada la palabra del señor. Bien, ¿y qué si esa palabra del señor está viva y en ejecución? ¿Y qué si esa ejecución tiene lugar en una isla? Y le digo más aún, eso explicaría mi teoría de pasado suspendido en el tiempo. Algo que escapa a la lógica humana, que puede ser considerado sobrenatural. Si usted está pensando ahora que estoy loco, lo entiendo. Pero no lo tome tan literal, piense en cuantas veces tuvo algo frente a sus narices y, por evidente y natural que parecía, no lo pudo ver.

 

Le propongo entonces viajar a Islas Galápagos realizando un salto en el tiempo. Desplazándose en el espacio, pero también hacia el pasado. Entender que el mundo fue, alguna vez, un lugar mágico, libre de la agresividad del hombre y capaz de convivir el uno con el otro, compartiendo un medioambiente que, por estar en cambio constante, nos obliga a replantearnos los métodos de evolución. Pero siempre adaptándonos a este y no alterando el medioambiente y forzándolo a cambiar, simplemente, porque es más cómodo para el hombre y sin importar el sufrimiento que puede causársele al resto de las especies y recursos naturales.

Creo que Galápagos es ese paraíso del que hablaban los primeros hombres. Creo que Galápagos es ese mensaje divino transmitiéndose en vivo y en directo a toda hora y en todo momento. Creo que es el ejemplo más claro que tenemos de cómo debería funcionar el resto del mundo. Galápagos ha sobrevivido a todo por estar aislado del resto. Es nuestra misión romper ese aislamiento. Llevar esa concepción de la vida sin miedos al resto del continente y, luego, a todo el planeta. Una vida ordenada, en equilibrio, con posibilidades de adaptación para todos, con espacio para todos.

 

Expuesto esto, mi sugerencia es llevar esta realidad que se vive en Galápagos a otros sectores del continente donde, por cuestiones económicas, su población carece de acceso. Hoy Galápagos se muestra al mundo como un destino turístico de élite y, sobre todo, costoso. Creo que este archipiélago puede ser de gran utilidad para la humanidad, pero sólo si se lo corre de la categoría de ¨playa turística para unos pocos adinerados¨. Galápagos es más que un lugar para ir de vacaciones. Es, en sí mismo, un centro de interpretación. La naturaleza, una vez más, nos está dando un mensaje que queda opacado por la hotelería y los tours de snorkelling. Es imperioso explotar este mensaje de convivencia pacífica, llevando ese mensaje a las escuelas, a los barrios, a los países. Muchas veces se intenta concientizar sobre la contaminación, la extinción de las especies, la deforestación, entre otras aberraciones del hombre, con ejemplos del pasado. Las nuevas generaciones ven aquello como algo lejano y que sólo está en los libros. Galápagos es la oportunidad viva que tenemos de mostrarle al mundo que es posible el cambio, que es necesario y urgente. Y que, para muestras basta un botón. Las islas del pacífico ecuatorial son el ejemplo de que aún se puede.

 

Conclusión personal. Es feo darse cuenta de que el hombre, realmente, es y ha sido una presencia nefasta en el mundo. Por continuar poniendo a las Galápagos como ejemplo, cuando el hombre llegó a las islas –desde las primeras incursiones de piratas y españoles hasta la posterior colonización- comenzaron los problemas. Especies casi extintas, ambientes invadidos, especies introducidas (que luego generarían un gran deterioro en el ecosistema galapagueño), explotación desmedida de los recursos, entre otras aberraciones propias de los descendientes de Adán y Eva.

 

Pero también es reconfortante ver todos los hombres y mujeres dispuestos a reordenar el sistema ecológico de las islas, protegiendo las especies, erradicando las que fueron introducidas, generando conciencia y educando a los turistas que día tras día desembarcan sus valijas dispuestos a pasar unas vacaciones mágicas.

 

Creo que es menester, entonces, llevar ese estado de conciencia hacia las afueras de las islas. Galápagos se muestra un tanto inaccesible para un alto porcentaje de la población mundial. Pero el mensaje es simple y claro. Documentales, literatura, charlas educativas, actividades escolares, marketing digital, redes sociales… el mundo tiene miles de herramientas esperando ser ocupadas con el contenido de Galápagos. Galapagueños y voluntarios deben trabajar y construir esa especie de ecopuente, si se me permite el término, para que el mensaje que nos está dando la naturaleza no quede aislado y perdido entre las aguas del pacífico.

 

Marcos nació el dieciséis de noviembre de 1987 en la ciudad autónoma de Buenos Aires,  Argentina. Es licenciado en Comunicación Social, recibido en la Universidad Austral y trabaja como guionista.

 

Con más de seis años como guionista de radio (Fm 95.9 Rock and Pop, FM Metro 95.1 y FM Blue 100.7) decidió dejar su ciudad natal para dedicarse a viajar por Sudamérica y allí continuar desarrollándose como escritor y como blogger.

 

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